viernes, 26 de enero de 2007

Artículo interesante: "Dime lo que comes"

Dime lo que comes

    La escena es fácilmente reconocible: la televisión encendida y sobre la mesa del salón una bandeja con un plato de espaguetis tintados de tomate y un par de sanjacobos fríos. El que come solo es un chaval de trece años que repite menú por tercera vez en la misma semana. Apenas sabe nada de urbanidad: no se limpia los labios antes de dar un sorbo a su coca-cola y mastica con la boca abierta, pues le faltan referentes. Tiene un cuarto de hora para almorzar.
“Dime lo que comes y cómo lo comes, y te diré quién eres”, parece aseverar el último estudio del Observatorio de la Alimentación, un organismo vinculado a la Universidad de Barcelona que se ha detenido a analizar los hábitos alimenticios de la población española. Al leerlo me he quedado sobrecogido, pues estaba convencido de que la presencia –a veces excesiva– de los grandes chefs en los medios de comunicación, había servido para que la buena cocina llegara a todas las mesas y dejara de ser exclusiva de una élite que disfruta con el yantar. Dice el estudio que en todos los estratos de la sociedad nos alimentamos con gravísimas carencias, a pesar del esfuerzo de la industria del ramo por hacernos llegar el mensaje de que hoy comer sano es más fácil que nunca.

Según la estadística problema general

    Según los expertos de la Universidad de Barcelona, las prisas han dado al traste con el placer de disfrutar de alimentos elaborados según la sabia tradición de nuestras madres y abuelas, para dar paso al reino del plato semicocinado, en el que tres minutos de microondas suplen la antigua labor de hornos y fogones. El toque sabio de sal, aceite, vinagre y hierbas aromáticas, ha sido sustituido por una colección de letras y números que van y vuelven por nuestro organismo sin otro propósito que el de conservar el alimento en su aspecto y aroma homologados.

    El centro de las grandes ciudades es un buen espejo para sacar conclusiones. Cada día florecen nuevos restaurantes, por más que almorzar fuera de casa contribuya a nuestro desorden alimenticio. Además, los parques se pueblan de ejecutivos que resuelven la comida más importante del día –según nuestra cultura– con una colación en la que tiene más importancia el envoltorio de los productos que su contenido.

    Nuestros hijos vuelven a ser los más perjudicados en estas deficiencias nutritivas. Desde muy pequeños, pasan la mayor parte del día fuera, a expensas de las contratas con las que la mayoría de los colegios solucionan el compromiso de darles de comer. Otros almuerzan y meriendan en un hogar vacío, allí donde ambos progenitores trabajan. Ellos mismos se sirven directamente de la nevera, lejos de criterios de idoneidad. Frutas, pescados y verduras han sido desterrados de su menú, y reducen su dieta a alimentos fáciles, muchos de ellos adornados con el peso del marketing y sazonados con elementos perniciosos cuando su ingesta pasa a ser habitual. Según los expertos antes mencionados, son los menores quienes deciden la cesta de la compra. Su capricho condiciona los menús, determinando los hábitos alimenticios del resto de la familia.

Mejores o peores, pero otros tiempos

    Volvamos a la escena del principio. En el día a día del muchacho de trece años no figura la posibilidad de almorzar, merendar ni cenar con los suyos. La mesa ya no es el lugar natural de conversación, sino un tablero que ocupa buena parte del salón. La nevera está repleta de alimentos envasados, porque su madre no tiene tiempo para rescatar la herencia culinaria que va ligada a su apellido. Eso lo deja para la casa de los abuelos, a la que cada vez acuden menos, porque cuando van por allí se encuentran con que el muchacho es incapaz de soportar los guisados de siempre, que no llevan edulcorantes ni conservantes, y están elaborados con paciencia y una buena dosis de amor.

Miguel Aranguren
TELVA, septiembre de 2006

6 comentarios:

Julkito dijo...

Claro! La solución es que la madre cuide del jodido niño de 13 años que se ve inundado por la publicidad mala a consumir mierda.

Pero un momento, que la mujer trabaja... que es autosuficiente... Nooo, lo mejor es que se quede en casa cuidando de los suyos, que renuncie a sus expectativas laborales en pos de que el jodido niño de 13 años coma bien. Todo sea por la familia. Y lo que digan los demas, la lucha social a favor de los derechos de la mujer que ha durado 100 años que se vaya a la mierda.

Yo trabajando 20 horas diarias y mi mujer en casita... De mayor quiero ser mujer florero, metidita en casita yo te espero. Las zapatillas de cuadros preparadas, todo limpio y muy bien hecha la cama.

Como debe serrrrrrrrr!

Albarytu dijo...

Tú no has oído hablar de la conciliación laboral y familiar, ni de la paternidad responsable ¿verdad? Ni del teletrabajo...

A mi me parece muy bien que la mujer trabaje. Pero eso no implica que los padres dejen de ocuparse de la educación de sus hijos. Los dos, más que nunca, precisamente por esa lucha social a favor del derecho de la mujer a trabajar. Y es que la lucha por los derechos de la mujer no consiste sólo en que la mujer trabaje, sino también en que el marido, que hace 100 años no hacía nada en casa con la excusa de que llevaba el dinero, debería también aprender a compartir con ella las tareas domésticas. Porque, trabajando o no, esas tareas hay que llevarlas a cabo.

Julkito dijo...

"La nevera está repleta de alimentos envasados, porque su MADRE no tiene tiempo para rescatar la herencia culinaria que va ligada a su apellido."

Y ahora me hablas de paternidad responsable y no sé qué más para ocultar lo que realmente está diciendo este artículo. Mujer a los fogones.

Albarytu dijo...

Tienes razón, dice "madre" donde debería decir más bien "padres". Pero una palabra no le quita a la idea del artículo su parte de importancia y su parte de razón.

Nota: El artículo es de Telva. Es una revista destinada básicamente a público femenino, por lo que es normal que ponga a la mujer como centro de su enfoque.

Nota bis: El autor es un hombre, Miguel Aranguren. Un hombre que, por lo que se destila del artículo, está "chapado a la antigua" (a.k.a. anclado en el siglo XIX), es bastante egocéntrico (solo hay que ver http://www.miguelaranguren.com/), y posiblemente sea machista y misógino (más que tú y yo juntos). Pero por otro lado, del artículo yo no me centraría en la opinión de esta persona, que es libre de pensar como le de la gana, sino en la idea sustancial de la necesidad, cada día más a la vista, de conciliar el trabajo con la vida familiar. Ahi queda eso.

Elenix dijo...

.

Anónimo dijo...

Perdonad que os diga, pero Miguel Aranguren no es ni egocéntrico, ni machista ni misógino ni siquiera está "chapado a la antigua"; es un hombre genial y un escritor increíble. No lo juzqueis solo por este artículo, porque seguro que nisiquiera lo conoceis. Yo he tenido la dicha de conocerlo y de hablar con él, os aseguro que es admirable, en todos sus aspectos.
Además lo que dice en este artículo es completamente cierto y coherente. No niega en ningún momento el derecho a la mujer de trabajar, sino que defiende el deber (y también derecho) de los padres de educar a sus hijos, la comida es una manera de hablar de ello. No sé si lo sabeis, pero la mujer es, por naturaleza, más maternal, más cariñosa y más afectiva que el hombre respecto a sus hijos.
En el tema de la comida, en casi todas las casas quien cocina es la mujer, ¿costumbre? puede, así que no veo porqué tiene que estar mal escrivir sobre tradiciones elaboradas durante siglos. No es ninguna vergüenza cocinar, limpiar o cuidar de los hijos, son tareas preciosas.